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Martes, 08 de Noviembre de 2011 00:00 |
ALFREDO BROTONS MUÑOZ VALENCIA «Boris Godunov» palau de les arts (valencia)
Solistas, Cor de la Generalitat Valenciana, Escolania de la Mare de Déu del Desemparats, Pequeños Cantores de Valencia y Orquestra de la Comunitat Valenciana. Director de escena: Andréi Konchalovski. Director musical: Omer Meir Wellber. Mussorgski. 5 de noviembre.
La primera temporada de Omer Meir Wellber al frente de Les Arts ha arrancado con un Boris Godunov en su versión inicial de 1869, en siete escenas. Entre las dos últimas se intercala la del bosque, real y argumentalmente posterior; de la quinta se suprime la fábula del aya. El montaje cuenta con más medios que ideas: la sensación global es de infrautilización de aquéllos. Durante la primera mitad de la función sólo se aprovecha la inmensidad del espacio escénico; luego empiezan a abrirse trampillas, sin que se sepa muy bien para qué ni por qué no antes. Los decorados, casi nulos a fuer de estilizados, contrastan con el detallista realismo del vestuario, que parece de otro origen. Las luces sirven para eso: iluminar. Las escenas se suceden, unas con, otras sin solución de continuidad: el público no sabe cuándo aplaudir. Tras la cuarta, un descanso de veras rompedor. El tema es, o podría haber sido, el enfrentamiento dialéctico entre el pueblo y el zar, con los remordimientos de éste como contrapunto. Como el nexo falla, lo que aquí queda es una moraleja más o menos trivial sobre el poder y su abuso; más: el que la hace la paga; menos: no hay acto inicuo, por loable que sea el propósito, que no atraiga, tarde o temprano, su castigo. Hacemos votos por que así sea. El día del estreno, la legibilidad incluso de este mensaje la lastró el descontrol de los volúmenes en el foso: primero se tapó a Boris en su coronación, luego a un muy apreciable Pimen (Alexander Morozov) en los clímax de su relato... Con Shuiski, por un lado afónico y por otro servil en lugar de maquiavélico, no hubo piedad. Orlin Anastassov es un Boris joven y canta bien, pero ni en su voz ni en sus actos se traslució mucho la somatización de su degradación moral y psicológica. Su antagonista, Grigori (Nicolai Schukoff), también le ganó esa partida: resulta más completo. Los papeles «de carácter» estuvieron muy aceptablemente servidos. El que mejor, el Varlaam de Vladimir Matorin, por fin el bajo cuyo chorro todo lo invade. El loco no se sabe por qué, además, está ciego, pero pase la licencia. A la Ksenia de Ilona Mataradze, de tan histérica, se le olvidó regular. La elección de un niño contralto para Fiodor conlleva las ventajas y desventajas que fácilmente se imaginan. Los grupos corales estuvieron magníficos: consistentes, profundos, flexibles. En cuanto a la orquesta y la dirección, correctas cuando mejor, planas donde se requiere relieve e intrusivas si lo indicado es la moderación. Habrá que acostumbrarse, pero es que la sombra de Maazel es muy, muy alargada.
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El poder y la culpa de 'Boris Godunov' abren con aplausos la temporada 2011-2012 del Palau de les Arts. LA VANGUARDIA |
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Domingo, 06 de Noviembre de 2011 07:09 |
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Omer Meir Wellber recibe el calor de su público en su estreno como director musical del coliseo valenciano
El Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia ha abierto esta noche la temporada 2011-2012 con la ópera 'Borís Godunov', la obra maestra de Modest Músorgski, que sumerge al espectador en una honda reflexión sobre el poder y la culpa en el período de la Rusia de los zares. El público ha reconocido con varios minutos de aplausos y algunos bravos la labor de todo el equipo artistico, incluido el nuevo director musical del coliseo valenciano, el joven maestro israelí Omer Meir Wellber, que ha recibido el calor de los asistentes de la Sala Principal.
Al arranque de este nuevo ejercicio operístico han asistido personalidades como el presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, la consellera de Turismo, Cultura y Deporte, Lola Johnson, el concejal Alfonso Grau y la intendente del Palau de les Arts, Helga Schmidt. También han estado presentes la directora del Instiut Valencià de la Música, Inmaculada Tomás, la presidenta del Palau de la Música, Mayrén Beneyto, juntoal subdirector de música de este auditorio, Ramón Almazán, o la directora del IVAM, Consuelo Ciscar.
Esta coproducción del Palau de les Arts con el Teatro Regio di Torino y la Fondazione Lirico Sinfonica Petruzzelli e Teatri di Bari, se presenta en Valencia en un nuevo montaje bajo la dirección escénica de Andréi Konchalovski.
El realizador eslavo --responsable también de la iluminación y que ha contado además con el trabajo del escenógrafo Graziano Gregori y la diseñadora de vestuario Carla Teti-- consigue por medio de una estructura de plataformas móviles inclinadas crear múltiples ambientes, que van desde el Palacio del Kremlin a un monasterio, y momentos de gran efecto, como el de poder echar un vistazo a la crueldad de la crucifixión o la metafórica caída final del trono del protagonista.
En cuanto al reparto de este montaje, --que también se ha progamado los días 8, 11, 16, 20 y 23 de noviembre-- brilla el bajo Orlín Anastassov en el papel del zar asesino lleno de remordimientos Boris Gudonov. El cantante búlgaro ha sido el más ovacionado junto al rusoVladimir Matorin. Figuran asimismo en el elenco Nikolai Schukoff, Alexánder Morozov, Konstantín Plúzhnikov, Andréi Zorin, Alexánder Guergálo y el niño Iván Khudykov, entre otros. En compañía de todos ellos el Cor de la Generalitat Valenciana y la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats y Pequeños Cantores de Valencia, que han vuelto a ofrecer una destacable actuación.
En cuanto a la Orquestra de la Comunitat Valenciana, los aficionados se han reencontrado con cariño con la formación y han aplaudido la labor de su nuevo titular, Omer M. Wellber, que afronta este año la difícil tarea de sustituir en el cargo a Lorin Maazel. Al término de la representación, el director ha aplaudido el trabajo de los artistas y la reacción del público y ha saludado en repetidas ocasiones junto al resto del equipo.
VERSIÓN ORIGINAL
Modest Músorgski escribió la partitura y el libreto de Borís Godunov en tan sólo catorce meses, entre octubre de 1868 y diciembre de 1869. El compositor se basó en la obra homónima de Alexánder Pushkin y el décimo y undécimo volumen de Historia del imperio ruso de Nicolái Karamzin. El Palau de les Arts presenta la versión original de 1869, a la que se ha añadido, por razones dramáticas, una escena que introdujo Músorgski en la segunda variación que hizo en 1872: la del bosque de Kromi.compositores rusos,
Con 'Boris Godunov', Les Arts da el pistoletazo de salida a una temporada que brindará la obra de compositores alemanes, italianos, franceses y españoles. Un repertorio que "mantiene la calidad" del coliseo haciendo "encaje de bolillos" con el presupuesto, gracias a que los artistas han aceptado reducir su caché y hacer producciones de costes más reducidos, según explicó la propia intendente en la presentación de la programación. Títulos como 'Don Giovanni' o 'La Cenerentola' y la presencia de Riccardo Chailly y Valeri Guerguiev son algunos de los atractivos del cartel. |
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Maestro Maazel Levante-EMV |
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Viernes, 25 de Febrero de 2011 00:00 |
ALFREDO BROTONS MUÑOZ VALENCIA 1984 palau de les arts de valencia)
Reparto: Michael Anthony McGee, Nancy Gustafson, Richard Margison, Silvia Vázquez, Andrew Drost, Graeme Danby, Liynton Black, Mary Lloyd-Davies. Escola Coral Veus Juntes de Quart de Poblet, Escolania de la Mare de Déu del Desemparats, Pequeños Cantores de Valencia, Cor de la Generalitat y Orquestra de la Comunitat Valenciana. Director musical: Lorin Maazel. Dirección escénica: Robert Lepage. Música de Maazel. 23 de febrero.
Que Lorin Maazel era un maestro de la batuta ya se sabía sobradamente desde hace mucho tiempo. Que, además, lo era o podía serlo de la composición es la grata sorpresa con la que la imprevisión arquitectónica ha hecho que nos hayamos tenido que encontrar en el momento de su inminente relevo. Los planes de presentar 1984 en Les Arts a finales de 2007 se vieron frustrados por una inundación no excepcional en Valencia pero que este teatro aún es dudoso que esté en condiciones de afrontar si se repite. Entretanto, ya ha subido al menos al escenario de la Scala de Milán y en 2008 salió a la venta el DVD de su estreno en el Covent Garden de Londres tres años antes. El libreto de J. D. McClatchy y Thomas Meehan condensa el argumento de la novela de George Orwell de manera muy sensible. Eficazmente secundada por el vestuario de Yasmina Giguère y la iluminación de Michel Beaulieu, la escenografía de Carl Fillion refleja con sobria pero detallada elocuencia visual la opresiva atmósfera respirada por unos personajes coherentemente movidos por Robert Lepage. Los espectadores que no resistieron hasta el tercer y último acto se perdieron lo mejor de un montaje sin duda modélico de principio a fin. Ese fue también el acto en el que el genio creativo de Maazel alcanzó sus cotas más altas, sin que ello signifique tampoco la más mínima reserva con respecto a los dos anteriores. En 1984 cabe encontrar ecos de varios estilos y gramáticas musicales del siglo pasado y del actual, pero empleados con una originalidad hija del conocimiento profundo de todos ellos y de la inspiración para construir con poética propia un mundo sonoro único e inconfundible; eso sí, siempre, como debe ser, al servicio de los acontecimientos escénicos. Aun sin conocer la partitura, la dirección de Maazel se adivinó tan precisa y flexible como en él es habitual. En cuanto a los cantantes, tanto la pareja protagonista, McGee y Gustafson, como todos los comprimarios ofrecieron un rendimiento de auténtico lujo en una escritura vocal sin excepción de máxima exigencia. Los dos tenores, Margison y Syme maravillaron en múltiples respectos, pero sobre todo el primero por la potencia y rotundidad de su emisión, el segundo por unos agudos increíbles. Y, en su doble papel de Gimnasta y Borracha, Silvia Vázquez se consagró como la nueva gran estrella de nuestra estupenda cantera. Unos conjuntos corales y una orquesta de calidad como mínimo pareja completaron los argumentos que justificaron el gran triunfo obtenido.
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Estreno con sabor a despedida- El Mundo |
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Jueves, 24 de Febrero de 2011 00:00 |
Una de las escenas de ópera '1984', en el Palau de les Arts. | E.M.
Europa Press | Valencia
Actualizado jueves 24/02/2011 09:33 horas
El maestro Lorin Maazel ha estrenado este miércoles en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia '1984', su reinterpretación musical del genial alegato contra el pensamiento único del escritor George Orwell, en una noche que ha tenido sabor a despedida, ya que el hasta ahora director musical del teatro de ópera valenciano deja el cargo la próxima temporada en manos del joven Omer Weber.
En una velada en la que no han faltado las reticencias a la lírica contemporánea, el director francoamericano ha recibido el cariño de la mayoría del público, que ha reconocido su esfuerzo creativo y, también, su dedicación a la institución.
A la representación han asistido autoridades, entre ellas el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, y las conselleras de Cultura y Agricultura, Trini Miró y Maritina Hernández, así como representantes del panorama cultural, como la presidenta del Palau de la Música de Valencia, Mayrén Beneyto, o el presidente del Consell Valencià de Cultura, Santiago Grisolía.
Con dirección escénica de Robert Lepage, el espectáculo -estrenado en 2005 en la Royal Opera House Covent Garden de Londres- consigue recrear de manera solvente la atmósfera opresiva y apocalíptica de la novela, adaptada para la ocasión por JD McClatchy y Thomas Meehan.
El cineasta canadiense ha ideado para el montaje una versátil escenografía circular y giratoria que a lo largo de las más de tres horas de función se va transformando en una especie de fábrica para reinventar el pasado, una estancia que sirve de refugio para amantes o la temida 'Habitación 101' en la que se esconden los temores del protagonista.
En cuanto al elenco, lo encabezan los estadounidenses Nancy Gustafson, como Julia, y Michael Anthony McGee, que encarna al atormentado Winston Smith. El barítono, que debutaba en Valencia, ha sido especialmente aplaudido debido a su trabajo, no solo vocal, sino también interpretativo, casi teatral.
Cabe destacar también la presencia de la valenciana Silvia Vázquez en el doble rol de monitora y mujer borracha, y, junto a ellos, el Cor de la Generalitat, la Escolania de la Mare de Déu, la Escola Coral Veus Juntes de Quart de Poblet y los Pequeños Cantores de Valencia.
Aunque durante la representación algunas localidades se han quedado vacías, los espectadores presentes han tributado a Lorin Maazel un cariñoso homenaje. '1984' será el último título operístico que abordará el maestro como director musical del enclave cultural valenciano. Y se ha notado. Había además ganas de ver una obra que tuvo que ser retrasada debido a las inundaciones que sufrió en 2007 el coliseo.
Por todo ello, al término de la representación, y cuando ha subido al escenario Maazel, artífice además de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, titular de la institución, el auditorio puesto en pie le ha tributado una cálida ovación.
El mundo de pesadilla de Orwell -salido del temor ante los regímenes totalitarios y que ahora adquiere una nueva vigencia ante el poder de los avances tecnológicos, según la reflexión del propio Maazel- podrá verse de nuevo en el Palau de les Arts los próximos días 26 de febrero y 1, 4 y 6 de marzo.
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Maazel estrena en Valencia su única ópera, '1984' - La Vanguardia |
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Martes, 22 de Febrero de 2011 00:00 |
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Salvador Enguix
Valencia
El Palau de les Arts Reina Sofía de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia será mañana escenario del estreno en España de la primera Ópera de director franco-estadounidense Lorin Maazel, 1984; transposición operística de la inquietante novela de George Orwell. El estreno será también la última ocasión de ver a Maazel como director musical de la Ópera valenciana. 1984 surgió como encargo del que fuera director de la Ópera de Múnich, August Everding. Su muerte en 1999 paralizó el proyecto, que finalmente vio la luz el 3 de mayo de 2005 en la Royal Opera House Covent Garden de Londres.
Lorin Maazel contó para la trasposición operística de la novela homónima de George Orwell con el poeta y profesor de Yale J. D. McClatchy y el libretista de musicales de Broadway Thomas Meehan, quien atesora varios Premios Tony por sus trabajos en algunos clásicos del género como Annie, The Producers y Hairspray. McClatchy y Meehan optaron por centrar la acción de la ópera en el drama personal de Winston Smith, el protagonista de 1984. Smith, según describen los libretistas, es un hombre de un coraje moral extraordinario, traicionado por aquel que creía su confidente y que, finalmente, se convierte en traidor de su propia amada.
La voz de Winston Smith es el canal narrativo a través del cual McClatchy y Meehan retratan el régimen opresivo y totalitario de esta utopía orwelliana. Para la puesta en escena, el músico franco-estadounidense confió en el cineasta Robert Lepage que había realizado previamente montajes de El castillo de Barba Azul de Bartók, Erwartung de Schönberg y La Damnation de Faust de Berlioz. El realizador canadiense se rodeó para su retrato del mundo descarnado de Orwell de un equipo formado por el escenógrafo Carl Fillion, la diseñadora de vestuario Yasmina Giguère, el responsable de Iluminación Michel Beaulieu y la coreógrafa Sylvain Émard.
Como explicó el propio realizador a The Telegraph en los días previos al estreno mundial de la producción: "1984 es una historia llena de fuertes emociones y plagada de situaciones de gran dramatismo, que generan una tragedia de personas cuyos destinos rigen fuerzas todopoderosas". Robert Lepage propone un escenario giratorio, con muros, pantallas y proyecciones para retratar la asfixiante sociedad dibujada en 1984. Todo ello, presidido por el ojo vigilante del omnipresente del 'Gran Hermano', que controla cada uno de los movimientos de Winston Smith. El realizador introduce, además, referencias a situaciones contemporáneas para enmarcar la acción, entre ellas hay alusiones a la situación de los presos en Guantánamo tras los atentados del 11-S.
Los estadounidenses Michael Anthony McGee y Nancy Gustafson encabezan el elenco de 1984. El barítono debuta en Valencia en el exigente papel de Winston Smith. Gustafson, por su parte, encarna por tercera vez a Julia, tras sus aplaudidas funciones en el Covent Garden de Londres y la Scala de Milán. La valenciana Silvia Vázquez interpreta los papeles de Monitora de gimnasia y Borracha. Será la segunda ocasión en que la soprano cante la partitura de Maazel tras su debú en Milán en 2008. El reparto se completa con Andrew Drost (Syme), Graeme Danby (Parsons), Lynton Black (Charrington) y Mary Lloyd Davies (Proletaria). El plantel de voces de 1984 cuenta, además, con la actuación de The Demon Barbers (Pub Quartet), el Cor de la Generalitat Valenciana, la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats, la Escola Coral Veus Juntes de Quart de Poblet y los Pequeños Cantores de Valencia. La obra de Lorin Maazel se programará, además, los días 26 de febrero y 1, 4 y 6 de marzo. |
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Lorin Maazel ofrecerá el 27 de febrero obras propias y la primera sinfonía de Sibelius en el Palau de les Arts - 20 minutos |
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Sábado, 19 de Febrero de 2011 00:00 |
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El director musical del Palau de les Arts, Lorin Maazel, ofrecerá el próximo domingo, 27 de febrero, la Sinfonía número 1, opus 39 en mi menor de Jean Sibelius y dos obras propias, 'The Giving Tree', opus 15 y 'The Empty Pot', opus 16, en su último concierto como titular de la Orquestra de la Comunitat Valenciana.
Según ha informado el Palau en un comunicado, el compositor y director franco-estadounidense iniciará la velada con uno de sus autores fetiche, Jean Sibelius. De hecho, Maazel atesora en su carrera grabaciones de referencia del repertorio sinfónico del finlandés.
Su registro de la primera sinfonía de Sibelius en 1963 con la Filarmónica de Viena se ha convertido en un clásico discográfico y, tras interpretar en 2007 'El cisne de Tuonela' y 'Concierto para violín y orquesta', en Re mayor de Sibelius con la formación titular del Palau de les Arts, el director musical del centro de artes dirige ahora una de las obras que mayor reconocimiento le ha otorgado en su dilatada trayectoria.
Asimismo, Maazel y su obra protagonizarán la segunda parte de este concierto con' The Giving Tree', opus 15 y 'The Empty Pot', opus 16.
Lorin Maazel compuso la primera de ellas, 'El árbol dadivoso' en 1998, a partir del cuento homónimo de Shel Silverstein. La obra, según ha apuntado Maazel, es "una historia muy tierna sobre la indeferencia del hombre hacia el propio ser humano". La partitura para narrador, violonchelo obligado y orquesta, es una reflexión sobre los ciclos de la vida, la amistad y la devoción.
"The Giving Tree —ha explicado Maazel— nos habla de cómo el árbol da y da, mientras que el hombre sólo recibe y recibe". El violonchelo encarna al individuo que, juguetón y alegre en su infancia, deviene en un anciano cansado y melancólico, mientras el actor José Sancho pone su voz a esta pieza, y Rafal Jezierski se encarga de interpretar los solos de chelo.
por su parte, 'The Empty Pot' ('La maceta vacía') es una composición para narrador, niño soprano, coro infantil y orquesta. La obra, escrita en 1999, describe la fábula de un emperador chino que reparte semillas de flores entre los más pequeños. Sólo aquel que cultive la más bella será su sucesor.
Así, un muchacho llamado Ping, desilusionado porque sus semillas no crecen, será finalmente el vencedor del envite, ya que el emperador ha repartido semillas que no crecen y él ha sido el único participante honrado.
José Sancho ejerce de nuevo como narrador; el niño soprano Salvador Belda da vida a Ping. Las voces de la Escola Coral Veus Juntes de Quart de Poblet, la Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats y los Pequeños Cantores de Valencia actúan con la Orquestra de la Comunitat Valenciana.
La obra 'Minivariaciones' sobre un tema conocido de Lorin Maazel cierra el programa de este concierto, será la encargada de cerrar el acto. |
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La música empapa todo tu cerebro. El Pais |
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Miércoles, 02 de Febrero de 2011 00:00 |
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Patricia es flautista profesional. Vive en Berlín, y estaba de vacaciones navideñas en Barcelona cuando tras la presentación de “El ladrón de cerebros” vino a decirme que quería hablarme sobre neurociencia y música.
Patricia está convencida de que su cerebro, y el de cualquier persona que durante años haya pasado tantísimas horas al día interrelacionando sentidos, emociones, y movimientos precisos al tocar un instrumento, debía por fuerza ser diferente. Los efectos del aprendizaje musical merecían ser investigados.
Como veremos en el artículo “Do musicians have different brains?” publicado en la revista Clinical Medicine, no estaba en absoluto equivocada. Pero incluso se quedaba corta. Según los neurocientíficos de Harvard autores de “Music Making as a Tool for Promoting Brain Plasticity across the Life Span”, los efectos de la música en hasta doce áreas diferentes del cerebro son tan notorios, que: 1- se está convirtiendo en una de las mejores herramientas para investigar científicamente la plasticidad neuronal, y 2- se empiezan a diseñar terapias musicales específicas para rehabilitación tras lesiones cerebrales, o estimular regiones del cerebro que presentan poca actividad. Patricia cree que la sensibilidad extrema desarrollada por los músicos ante la música, puede ser incluso perjudicial.
En el caso de la violinista Christen Lien, fui yo quien me acerqué a felicitarla después de su actuación en TEDxoilspill, donde evocó con su violín las emociones experimentadas en la costa de Louisiana frente al catastrófico vertido de crudo en abril de 2010.
Cuando hablamos días después, me dijo que durante un tiempo sólo pudo componer en tonalidades menores (asociadas inconscientemente a sentimientos de tristeza), y que poco a poco se fue forzando a tocar con tonos mayores para recobrar un estado de ánimo positivo. Para Christen la música es pura emoción, y está convencida que dicha manera de modular sonidos para expresar sentimientos debía estar impregnada en nuestro cerebro incluso antes del origen evolutivo del lenguaje articulado. Lo segundo es controvertido, pero como explica este review en la revista Cell “Towards a neural basis of music-evoked emotions”, las técnicas de neuroimagen están revelando que la música es capaz de modular todos los mecanismos cerebrales relacionados con las emociones complejas, más allá de la sensación placentera básica de disfrutar con ella. Pero vayamos por partes, que el tema es desbordante.
Talentos no tan innatos
El estudio neurocientífico de la música está reafirmando uno de los grandes cambios de paradigma de las últimas décadas. El cerebro es muchísimo más plástico y maleable por experiencias y aprendizaje de lo que se pensaba. El aprendizaje musical modifica el cerebro. Tanto, que el carácter innato de la genialidad pierde consistencia. Sin duda podemos nacer con mucha mayor predisposición, pero todo indica que el virtuosismo musical es consecuencia de una temprana exposición a la música, y los neurocientíficos hablan incluso de coincidencia con etapas clave en el desarrollo del cerebro.
En su libro Musicophilia Oliver Sacks explica el caso de Derek Paravicini, un chico ciego de nacimiento, con autismo y ligero retraso mental, que tiene sin embargo oído absoluto y una destreza para tocar el piano absolutamente extraordinaria. Se especula que sus incapacidades favorecieron que a una temprana edad, áreas de su cerebro se especializaran en la música.
Estudios demuestran que los niños aprenden música más rápido que los adolescentes, y que el entrenamiento musical puede mejorar sus capacidades lingüísticas. Pero la plasticidad neuronal no sólo se debe aprovechar en la infancia; el cerebro adulto continúa siendo maleable. Los músicos son la mejor evidencia.
Estudios post mortem de músicos en el siglo XIX ya distinguieron estructuras diferentes en zonas cerebrales relacionadas con la función motora, pero en estudios recientes de neuroimagen se ha identificado -por ejemplo- que el área anatómica donde se procesa el movimiento de los dedos es diferente entre guitarristas (que requieren más precisión en la mano izquierda), y pianistas (en la mano derecha). Corpus callosum, Heschl’s gyrus, cortex frontal, cortex temporal, cortex superior parietal… son algunas de las regiones especializadas en el cerebro de los músicos debido a su constante entrenamiento. Y además están más interconectadas entre ellas.
El la revisión de Cell, Stefan Koelsch describe también mayor actividad –tanto en músicos como no músicos- en el área central del procesamiento de emociones: el sistema límbico y la amígdala. Pero también en sistemas más complejos como el hipocampo o áreas del cortex relacionadas con emociones más sofisticadas. Cuando bajo un escaner de imágenes de resonancia funcional se logra una experiencia musical intensa, todo el cerebro parece empaparse de música. Son esta gran activación, la plasticidad cerebral, y el vínculo estrecho con las emociones, justo lo que refuerza la idea del uso terapéutico de la música.
Terapias musicales
La idea básica es sencilla: la música puede activar áreas específicas del cerebro que funcionan de manera anómala, y aprovechar la plasticidad neuronal para regenerarlas. Son ideas que a menudo conducen a la exageración o aplicaciones prematuras. Por ejemplo, hay fuertes indicios de que la música puede ser beneficiosa contra la depresión por la activación de amígdala, hipocampo o nucleus accumbens; pero las evidencias empíricas todavía no han llegado de manera sólida. Sí en cambio con pacientes que han sufrido una lesión cerebral. En su recuperación, tocar un instrumento es más eficiente que realizar otros movimientos; posiblemente por la mayor conectividad cortical y la potenciación que generan las emociones. Los neurocientíficos están investigando qué tipo de tarea musical puede ser más eficiente ante diferentes trastornos.
Oliver Sacks explica en Musicophilia su famoso caso real de la película “Despertares”.
En ella pacientes catatónicos a causa de una encefalitis despiertan gracias al fármaco L-dopa, pero el joven Sacks observó anonadado progresos similares con la música. Es especulación; pero podría estar activando alguna parte del cerebro de manera análoga a la droga.
Misterioso también el caso de Matt Giordano; un joven aquejado de Tourette cuyos continuos tics y movimientos descontrolados desaparecen mientras toca la batería. Desde su insonorizada casa, explica que no podría vivir sin esta terapia.
O pacientes con amusia como Ann Barker. Si ves un tests de daltonismo, te puede resultar sorprendente que alguien no distinga entre el verde y anaranjado para apreciar el número oculto. Lo mismo ocurre cuando en el documental Ann se expone a dos notas claramente diferentes, y las considera idénticas. Ella es una de las personas que no puede distinguir la música del ruido.
El origen evolutivo de la música
¿Es la música un afortunado subproducto de la complejidad del cerebro, o tuvo un papel adaptativo en nuestro pasado como especie? Como en muchas otras discusiones entre psicólogos evolucionistas, hay más opiniones que ciencia. La frase más repetida sobre el origen evolutivo de la música la escribió el psicólogo Steven Pinker en su aclamado “How the mind works”, cuando definió la música como un “auditory cheesecake”. Se refería a que de la misma manera que nuestra afición por el pastel de queso no tiene por sí sólo un valor adaptativo, sino que es una consecuencia posterior de nuestro deseo por ingerir azúcar y grasa; la música también es un derivado moderno del lenguaje y –como el pastel de queso- es totalmente prescindible a los ojos de la selección natural. Para algunos neurocientíficos, el hecho que involucre a tantas áreas diferentes del cerebro también la hace más cultural que innata.
Dicha idea ha sido fuertemente combatida, y el propio Pinker reconoce que pudo no ser muy acertado en su comentario. Se sugiere que la música es adaptativa porque tuvo un gran valor en el cortejo, porque con ella la madre transmite emociones a sus hijos, y porque pudo ser utilizada para cohesionar grupos. Además, toda cultura conocida tiene música, los niños empiezan a cantar y bailar sin necesidad de entrenamiento, y se han encontrado restos de instrumentos musicales de decenas de miles de años de antigüedad. Para muchos psicólogos evolucionistas, sin duda debió existir una especie de protomúsica que sirviera para expresar estados de ánimo incluso antes de la aparición del lenguaje articulado. En este sentido, la música formaría parte de nuestra naturaleza más íntima. Seríamos verdaderos seres musicales. No sólo Christen o Patricia; sino todos los que estamos leyendo. Deberemos seguir hablando de ello... |
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